Mujer e infancia

¿Sabes tratar la gastroenteritis infantil?

Elsa Bernaldo de Quirós | Miércoles 07 de noviembre de 2018
Adiós al mito de la dieta blanda

Al contrario de lo que se suele creer, no es necesario el ayuno ni dar al niño exclusivamente alimentos astringentes para afrontar este trastorno intestinal, el más frecuente en la infancia.

La gastroenteritis es el trastorno digestivo más frecuente en niños y consiste en la inflamación de la pared del estómago y de los intestinos a causa, en la mayoría de las ocasiones, de una infección. De inicio brusco.

Síntoma: el más característico es la diarrea, que puede ir acompañada de vómitos, fiebre y dolor abdominal. Se propaga con gran facilidad. Los niños son más proclives a contagiarse entre ellos, debido a su manera relacionarse y de jugar, en la que hay mucho contacto físico. También el hecho de que compartan a menudo sus cosas dentro del aula o los cubiertos y utensilios en el comedor escolar influye en que se propaguen más fácilmente los virus, el tipo de agente infeccioso que con más frecuencia causa esta afección intestinal.

Prioridad: evitar la deshidratación

Especialmente cuando la gastroenteritis afecta a los niños, el mayor riesgo de que la diarrea líquida y los vómitos frecuentes desemboquen en un cuadro de deshidratación. Este puede producirse cuando el intestino no es capaz de tolerar o retener los líquidos y las sales durante días, teniendo en cuenta, además, la incapacidad de los más pequeños para solicitar agua.

Los padres deben saber que para prevenir ese peligro, el niño ha de beber con frecuencia -cada vez que se produce un vómito o una deposición- con el objetivo de reponer el líquido y las sales minerales que ha perdido y permitir al organismo recuperarse. Los sueros o soluciones de rehidratación oral son idóneas para ello, aunque no se ha de forzar a beber al niño, que las tomará solo si tiene sed y si el pediatra no ha dado otra indicación.

No obstante, este tipo de sueros no detienen por sí mismos la diarrea, ya que no actúan frente a los virus o bacterias que la provocan. Para combatirla, una buena opción es combinarlos con probióticos, que ayudan a restaurar la flora intestinal y pueden acortar la duración de la diarrea.

Respecto a la alimentación, al contrario de lo que se suele creer y si el niño no vomita, no es necesario el ayuno ni tampoco una dieta astringente. Basta con que la alimentación sea suave, evitando el exceso de grasas o azúcares. Por ejemplo, desde el momento en que el niño recupera el apetito, podemos darle de comer, sin forzar, cereales, patata, carne magra, pescado, verdura, fruta e incluso lácteos. Si recurrimos a una dieta blanda, no debe durar más de unos días o corremos el riesgo de que la diarrea se vuelva crónica. En cambio, reiniciar lo antes posible la dieta habitual acelera la recuperación.

Pautas para tratar la gastroenteritis en los niños:

  • Hidrátale en cantidad adecuada, pero poco a poco. Durante los episodios más agudos de la enfermedad, asegúrate de que tu hijo repone los líquidos y sales que está perdiendo, pero no le hagas beber demasiado de golpe, pues puede provocarle nuevos vómitos. Apuesta por las soluciones de rehidratación y evita las bebidas isotónicas. Tomar sueros de rehidratación oral cada poco tiempo constituye una buena opción para evitar la deshidratación del niño. En cambio, las bebidas isotónicas están pensadas únicamente para adultos durante la práctica deportiva, por lo que no son recomendables en casos de gastroenteritis infantil.
  • Inicia su alimentación habitual en cuanto sea posible. El niño debe comer en cuanto tenga apetito, no es necesario ningún periodo de pausa o ayuno ni una dieta astringente. Por eso, ofrécele alimentos de su dieta habitual que le resulten apetecibles e irá pidiendo más comida a medida que se vaya sintiendo mejor. Los únicos alimentos desaconsejados son los que contienen demasiada grasa o azúcares. No olvides continuar con la hidratación entre las comidas o tomas.
  • No dejes de darle el pecho o el biberón. Si el niño todavía es lactante, debe seguir tomando el pecho; incluso puedes aumentar la frecuencia de las tomas y hacerlas más cortas. Si toma biberón, no necesitas cambiar la fórmula ni rebajar su concentración. Y si toma papillas y purés, puedes seguir con su alimentación habitual.
  • Vigila ciertas señales de deshidratación. Sabrás si tu hijo está deshidratado si tiene los labios y la boca secos, lleva mucho tiempo sin orinar y tiene los ojos hundidos. En bebés pequeños, que la parte blanda que tiene en la parte superior de la cabeza esté hundida también es un signo de deshidratación. Además, pueden mostrarse faltos de energía, como aletargados.
  • Consulta a tu farmacéutico sobre los probióticos. Tu médico o farmacéutico pueden recomendarte probióticos para ayudar a repoblar la flora intestinal y acortar algo la duración de la diarrea, de forma que el niño se recupere antes.

Evita las medicinas, a no ser que te lo indique el pediatra. No existe medicación específica para la gastroenteritis vírica; los antibióticos no son efectivos y pueden alargar la duración de la diarrea. Siguiendo las indicaciones de tu médico, puedes dar a tu hijo antipiréticos para aliviar la fiebre. Pero no es necesario, salvo indicación específica, el empleo de antieméticos (fármacos para controlar el vómito) y antidiarreicos.

Máxima higiene para prevenir el contagio. Enseña a tu hijo a lavarse las manos cuidadosamente con agua tibia y jabón, durante, al menos quince segundos, después de ir al baño y antes de comer. Por tu parte, procura predicar con el ejemplo y hacer lo mismo frecuentemente, sobre todo después de ir al servicio, tras cambiar los pañales o asear a tu pequeño y antes de cocinar y comer. Y tras un episodio de vómitos o diarrea dentro del hogar, limpia y desinfecta inmediatamente las superficies que se hayan podido contaminar, pues el contacto directo puede producir el contagio.

No lo lleves a la escuela hasta que esté mejor. Aunque es mejor no limitar la actividad del niño y, pese a la mayoría de las gastroenteritis en nuestro entorno son leves, espera a que se encuentre mejor para llevarlo al colegio o la guardería, pues hasta entonces puede contagiar a sus compañeros.

Acude al pediatra si observas ciertos síntomas. Pese a que la mayoría de los casos de gastroenteritis infantil ceden por sí solos a los pocos días, si aprecias signos de deshidratación en el niño, si presenta fiebre alta o no cede o si ves sangre en sus deposiciones, debes acudir inmediatamente al médico con tu hijo.

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