Un estudio revela que las personas tienen una tendencia natural a caminar hacia la izquierda, desafiando la creencia de que los patrones de movimiento colectivo dependen únicamente de normas sociales o interacciones. Investigadores de la Universidad de Navarra identificaron un sesgo locomotor intrínseco que se manifiesta incluso en espacios abiertos y entre individuos no influenciados por normas culturales. Este hallazgo podría tener implicaciones significativas para el diseño de espacios públicos, mejorando la seguridad y eficiencia en lugares con alta concentración de personas, como aeropuertos y centros comerciales. La investigación sugiere que entender estas predisposiciones individuales puede optimizar la movilidad urbana y la gestión de multitudes.
Un reciente estudio ha revelado que los seres humanos presentan un sesgo locomotor intrínseco, lo que significa que existe una predisposición natural a moverse en una dirección específica. Este hallazgo proporciona una nueva perspectiva sobre el comportamiento colectivo de los peatones, desafiando la noción de que tales patrones dependen únicamente de normas sociales o interacciones entre individuos. A largo plazo, esta información podría ser fundamental para diseñar espacios públicos más seguros y eficientes.
Tradicionalmente, se creía que la organización de multitudes se debía principalmente a factores como las interacciones personales, las maniobras para evitar colisiones y las normas culturales sobre la circulación. Sin embargo, este estudio sugiere que muchos de estos comportamientos pueden tener raíces en predisposiciones individuales previas a cualquier interacción social. Iñaki Echeverría, investigador de Física y Matemática Aplicada en la Universidad de Navarra y autor principal del artículo, afirma: “Durante décadas hemos pensado que estos patrones colectivos surgían únicamente de la interacción entre los peatones. En nuestro trabajo hemos comprobado que una parte relevante de ellos no surge únicamente cuando las personas se agrupan, sino que es inherente al individuo”.
Los investigadores llevaron a cabo experimentos en los que se pidió a un grupo de personas caminar tanto en espacios cerrados como abiertos. Los resultados mostraron una ligera tendencia hacia el movimiento antihorario. Aunque esta preferencia es sutil a nivel individual, su impacto se amplifica significativamente cuando participan cientos o miles de personas, generando patrones colectivos visibles. “No todos los miembros del grupo muestran esta preferencia, pero una amplia mayoría sí tiende a desplazarse en sentido antihorario”, explica Echeverría.
Para validar estas observaciones, el equipo realizó una extensa campaña experimental en España y Japón. Esta comparación permitió analizar si el fenómeno dependía del modo en que los peatones evitan chocar entre sí, dado que ambos países tienen costumbres diferentes al respecto. Las pruebas incluyeron grupos diversos: adultos caminando en espacios controlados, escolares moviéndose libremente y niños pequeños.
El equipo también descartó la existencia de una norma social que favorezca el movimiento antihorario. Anxo Sánchez, profesor en UC3M, diseñó un cuestionario para investigar esta posibilidad basado en su experiencia con normas sociales relacionadas con temas como el cambio climático. “Los resultados fueron claros: no había una norma social destacable”, señala Sánchez.
Un hallazgo notable fue que la tendencia hacia el movimiento antihorario persistía incluso sin los factores tradicionalmente considerados responsables. Se observó entre niños pequeños que aún no habían interiorizado muchas normas sociales relacionadas con la circulación peatonal y en entornos sin obstáculos físicos. Iker Zuriguel, catedrático de Física Aplicada en la Universidad de Navarra, destaca: “Los resultados indican que ninguno de estos factores por sí solo explica completamente lo que observamos”.
Este descubrimiento no solo aporta nuevos conocimientos sobre el comportamiento humano, sino que también tiene potenciales aplicaciones prácticas en áreas como la movilidad urbana y la gestión de grandes concentraciones de personas. Los investigadores lograron replicar matemáticamente los patrones observados utilizando datos obtenidos de individuos caminando solos, lo cual refuerza la idea de que algunas dinámicas colectivas pueden entenderse desde características individuales compartidas.
La comprensión más profunda sobre cómo nos movemos puede ser crucial para mejorar infraestructuras en lugares con alta afluencia como aeropuertos o centros comerciales. “Conocer mejor los factores que influyen en nuestra forma de movernos permite desarrollar modelos más precisos sobre cómo circulan las personas”, concluye Zuriguel.
A pesar del enfoque en predisposiciones individuales, los autores subrayan la importancia continua de las interacciones sociales y del entorno para comprender el comportamiento colectivo. Este estudio abre nuevas preguntas sobre el origen biológico de estas tendencias, ya que fenómenos similares se han observado también en otras especies animales.
Referencia bibliográfica: Echeverría-Huarte, I., Feliciani, C., Shi, Z. et al. Individual locomotor bias drives counterclockwise motion in pedestrian crowds. Nat Commun 17, 4869 (2026). https://doi.org/10.1038/s41467-026-73713-w
Las personas tienen una ligera tendencia a caminar hacia la izquierda, específicamente en sentido antihorario, que se observa en grupos grandes de peatones.
El estudio cuestiona la idea de que los patrones de movimiento colectivo dependen exclusivamente de normas sociales o interacciones entre individuos, sugiriendo que hay predisposiciones individuales que influyen en estos comportamientos.
Se realizó una amplia campaña experimental en España y Japón, observando diversos grupos de personas caminando en diferentes entornos para analizar su comportamiento y preferencias direccionales.
Los hallazgos podrían contribuir al diseño de espacios públicos más seguros y eficientes, optimizando cómo se mueven las personas en lugares con alta concentración de gente, como aeropuertos y centros comerciales.
No se encontraron evidencias que relacionen la preferencia direccional con factores como ser diestro o zurdo, ni con el pie dominante o la dominancia ocular.
El estudio abre preguntas sobre el origen biológico de estas tendencias locomotoras, ya que fenómenos similares son observados en otras especies animales, lo que sugiere un posible fundamento evolutivo.