La Plataforma de Mayores y Pensionistas (PMP) ha condenado el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años, quien fue desalojada de su vivienda en Madrid tras 70 años de residencia. La PMP exige garantías de protección y alternativas habitacionales dignas para personas mayores en situación de vulnerabilidad. El desalojo, realizado sin ofrecerle una solución adecuada, ha sido calificado como un fracaso inaceptable por las administraciones públicas. La organización destaca que este tipo de acciones no solo afectan la vivienda, sino que también impactan gravemente la salud y bienestar emocional de los mayores. Además, rechazan que la institucionalización sea considerada como una alternativa viable ante un desahucio. La PMP demanda medidas concretas para prevenir situaciones similares y garantizar el derecho a una vivienda digna.
La Plataforma de Mayores y Pensionistas (PMP) ha manifestado su enérgica condena al desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que fue desalojada de su hogar en Madrid, donde había vivido durante más de setenta años. La organización considera inaceptable que este lanzamiento se haya llevado a cabo sin ofrecerle previamente una alternativa habitacional digna y acorde con sus necesidades.
Maricarmen fue retirada de su vivienda en camilla por los servicios sanitarios y trasladada al Hospital Gregorio Marañón. Con un 50% de discapacidad reconocida, las opciones que se le presentaron incluían una residencia privada cuyo coste superaba los 1.200 euros mensuales, una suma imposible de asumir con su pensión.
La PMP ha destacado que un desalojo como el sufrido por Maricarmen no solo implica la pérdida de un hogar, sino que también supone un duro golpe para la salud y el bienestar emocional de una persona mayor. La abrupta pérdida del lugar donde ha transcurrido casi toda su vida conlleva la ruptura de rutinas, vínculos vecinales y un sentido de seguridad esencial. En la tercera edad, especialmente con una discapacidad, este tipo de desarraigo puede provocar estrés intenso, desorientación y agravar problemas de salud existentes.
Para la Plataforma, lo sucedido representa “un fracaso inaceptable” por parte de las administraciones públicas y sus mecanismos de protección social. Afirman que “una sociedad democrática no puede permitir que una persona mayor en situación vulnerable sea expulsada de su hogar sin antes garantizarle una solución adecuada”.
Además, la PMP rechaza categóricamente que se considere una residencia como alternativa viable para personas mayores con discapacidad simplemente por su edad. Este tipo de recursos deben ser elegidos libremente y basarse en las necesidades y deseos del individuo. No pueden convertirse en la única opción ante un desahucio ni en un mecanismo forzado debido a la falta de políticas públicas efectivas sobre vivienda.
La organización también ha señalado la contradicción entre estos hechos y la reciente aprobación en el Congreso de los Diputados de la reforma a la Ley de Dependencia, que promueve que las personas puedan permanecer en sus hogares con el apoyo necesario. Es incoherente abogar por este modelo mientras se responde a situaciones como la vivida por Maricarmen ofreciendo soluciones no elegidas.
Asimismo, la PMP recuerda que la Constitución Española garantiza el derecho a una vivienda digna y adecuada, así como el derecho a la protección de la salud para las personas mayores. Jesús Norberto Fernández, presidente de la PMP, ha enfatizado que este mandato no es solo retórica; si alguien está a punto de perder su hogar, los poderes públicos deben actuar antes del desalojo.
En cuanto a las personas con discapacidad, la Convención de la ONU establece su derecho a elegir dónde vivir y con quién compartir ese espacio. España también ratificó el Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, donde se reconoce el derecho a un nivel adecuado de vida e incluye vivienda adecuada.
La PMP exige medidas urgentes para prevenir situaciones similares en el futuro. Entre sus propuestas destacan:
En palabras del presidente Fernández: “Lo ocurrido con Maricarmen es intolerable. Una residencia no puede ser considerada como alternativa habitacional; expulsar a una mujer mayor sin ofrecerle previamente una solución adecuada es un claro fracaso institucional. Las administraciones tienen el deber urgente de proteger a quienes son más vulnerables y garantizar soluciones respetuosas con su dignidad.”
Maricarmen es una mujer de 87 años que fue desahuciada de su vivienda en Madrid, donde había residido durante siete décadas. La Plataforma de Mayores y Pensionistas (PMP) condena este desalojo, argumentando que no se le ofreció una alternativa habitacional digna antes del lanzamiento.
El desahucio tuvo graves repercusiones para la salud y el bienestar emocional de Maricarmen, quien fue sacada de su hogar en camilla y trasladada al Hospital Gregorio Marañón. La PMP señala que perder su hogar a esa edad puede generar estrés intenso, desorientación y agravar problemas de salud existentes.
La PMP exige garantías y mecanismos públicos para proteger a las personas mayores en situación de vulnerabilidad, así como la suspensión de desahucios hasta que se garantice una alternativa habitacional adecuada. También rechazan la institucionalización forzada como respuesta a la pérdida de vivienda.
Se hace referencia a varios derechos establecidos en la Constitución Española y convenios internacionales, como el derecho a una vivienda digna, a la protección de la salud y a elegir dónde vivir sin ser obligados a residir en un entorno determinado.
La PMP propone varias medidas, incluyendo la coordinación entre servicios sociales y sanidad, la ampliación del parque público de vivienda accesible, y el refuerzo de apoyos domiciliarios para garantizar que las personas mayores puedan permanecer en sus hogares si así lo desean.