Dejar de fumar

¿Cuántos cigarros te apetecen y cuantos aborreces?

Elsa Bernaldo de Quirós | Miércoles 25 de junio de 2014

La vida está constituida por una dualidad: el día, la noche, lo femenino, lo masculino, lo alto, lo bajo… y en el cerebro ocurre lo mismo.



La dualidad nos permite diferenciar un camino de otro y la razón decidir, optar y avanzar. Pero la razón suele estar condicionada por pensamientos y estímulos de repetición que nos hacen rotar sobre la misma situación, una y otra vez, cometiendo y justificando los mismos errores. Y muy a pesar de saber cuánto nos perjudican tratamos de convencernos de lo contrario buscando algo positivo, o benéfico, en lo que hacemos, aunque después venga el arrepentimiento.

¿Cuántos cigarros te fumas por que te apetece y cuantos aborreces?

Nuestro cuerpo rechaza el tabaco es inteligente y sabe que estamos introduciendo un veneno mortal, nos produce tos y nauseas. Probamos una y otra vez hasta conseguir que el humo pase al interior y eso nos reconforta. Así que seguiremos fumando hasta el punto de creer que nos gusta, satisface, relaja... Para entonces ya no nos sentiremos con la voluntad, o capacidad, para dejarlo.

¿Cuántos cigarros sientes que te satisfacen? Y ¿Cuántos sientes que te intoxican y aborreces? Y ¿por qué unos parece saben bien y otros no nos gustan nada todos son iguales y viene en la misma cajetilla? Entonces ¿a qué se debe esto? Pues depende del momento en el que estás fumando, de cómo camuflas el sabor y de lo que te dices a ti mismo mentalmente.

El humo es algo mortal. Si estamos en una habitación donde hay un solo conducto de aire y, por dicho conducto, en vez de entrar oxígeno, solo entra humo del tabaco ¿qué crees que ocurrirá en poco tiempo? Simple: mueres por asfixia. Eso mismo ocurre en el organismo cada vez que ingerimos un cigarro solo que intercambiamos veneno y oxígeno con lo cual continuamos viviendo pero, cuando has fumado 20 o 30 cigarrillos, claramente experimentas asfixia, depresión en el pecho y, a veces, sientes hasta estar muriendo. De hecho, a lo largo de los años de fumador, se va produciendo una, evidente, insuficiencia respiratoria y una afección en las cuerdas bucales. Te fatigas con facilidad, toses y siente que te falta el oxígeno y tu voz se vuelve más grave. Es entonces cuando la parte de ti que razona sabe que es preciso dejar el tabaco, sin embargo la que lleva años acostumbrada a hacerlo mira al futuro y se dice así misma ¿qué voy a hacer mañana sin un cigarrillo que llevar a la boca? El miedo se apodera de la razón y buscas una justificación para continuar intoxicándote una hora más, un día más, un mes más, un año más… aunque te vaya la vida en ello.

La razón te dice que debes dejar de fumar por tu salud, pero tu inconsciente, tu memoria, tu cuerpo, tu química, te reclama que continúes con lo que llevas años realizando.

¿Cuántos cigarrillos diarios fumas? Multiplica el número de cigarros diarios por las caladas que das cada vez que fumas uno. Después por 365 días y por los años que llevas haciéndolo. Si cada vez que tu das una calada al pitillo yo hago un giño con mi ojo izquierdo, o derecho, o un gesto nervioso específico ¿Qué crees que puede pasar al cabo de una treintena de días aproximadamente? Sencillo: habré desarrollado un tic nervioso y me sentiré incapaz de evitarlo. Ahora imagina que realice ese tic nervioso a lo largo de 20 años de mi vida. El tic se habrá apoderado de mi voluntad. Me abre vuelto adicto a abrir y cerrar mi ojo cada cierto segundo, o minuto, algo muy similar a lo que le sucede al fumador.

Lo primero y más importante para dejar de fumar es mentalizarte y aceptar que el tabaco no es beneficioso para ti. Luego toma la decisión de liberarte de este hábito dañino y recuperar tu salud, libertad y dignidad. “Hasta aquí hemos llegado tu y yo”, si lo haces de este modo abandonarás la adicción sin experimentar dolor emocional o mono. Lo siguiente es enfocar tu atención en cada minuto de independencia y por último sigue los consejos definitivos para el día D. Fumar se acaba convirtiendo en una falsa relación emocional. Es como esas parejas que no se soportan, pero no se sienten capaces de dejarlo.

Lo bueno que tiene nuestro cerebro es que, como buen ordenador, podemos mandar los datos, los registros innecesarios, a la papelera de reciclaje y restablecer el sistema si sabemos cómo. De hecho lo hacemos continuamente, pero inconscientemente. A lo largo de nuestra vida modificamos patrones una y otra vez. Cambiamos de colegio, de amigos, de coche, de casa, de pareja, de hábitos y estos cambios los hacemos con relativa facilidad cuando encontramos algo que aceptamos como mejor, o más satisfactorio, que lo que tenemos en ese momento.